#MarzoAzul
CAMPAÑA DE CONCIENTIZACIÓN DEL CÁNCER DE CÓLON
¿Qué es el colon?
¿Qué es el cáncer?
¿Qué es el cáncer colorrectal (CCR)?
Factores y grupos de riesgo
Síntomas
Circuito del diagnóstico
Fases del CCR y tratamientos
El cáncer de colon en números
¿Qué es el colon?
El colon es la última parte del sistema digestivo o tracto gastrointestinal.
El sistema digestivo se compone del esófago, estómago, intestino delgado e intestino grueso; su función es procesar los nutrientes de los alimentos y eliminar sus desechos del cuerpo.
El colon es parte del intestino grueso junto con el ciego, el recto y el conducto anal, y mide alrededor de un metro y medio.
¿Qué es el cáncer?
El cáncer ocurre cuando las células del cuerpo crecen y se multiplican en forma descontrolada.
El cáncer es un amplio grupo de enfermedades que pueden afectar a cualquier parte del organismo. También se habla de “tumores malignos” o “neoplasias malignas” (OMS, 2015).
¿Qué es el cáncer colorrectal (CCR)?
El CCR es un tumor maligno que aparece en la última parte del intestino.
El cáncer de colon y el cáncer de recto son similares en cuanto a su origen, desarrollo y contexto biológico. Es una enfermedad de progresión lenta, y además, en un 80% a 90% de los casos presenta una lesión precursora o pólipo. Por eso, su prevención o detección a tiempo es posible, evitando el desarrollo de la enfermedad.
En efecto, alrededor del 90% de los cánceres colorrectales son “adenocarcinomas”, porque comienzan con un adenoma o pólipo que se produce en la mucosa que recubre el interior del colon o del recto. El adenoma es una lesión que puede transformarse en un cáncer durante un período de diez años y que puede distribuirse del mismo modo en el colon y en el recto.
Por eso, a partir de los 50 años de edad, se recomienda la realización de una colonoscopía cada 5 años.
Existen otros subtipos de CCR menos frecuentes, como los tumores neuroendocrinos.
De detectarse el CCR en etapas tempranas existe la posibilidad de curación en un 90%.
Factores y grupos de riesgo
Factores de riesgo específicos:
    - Edad
    - Presencia de pólipos en el intestino
    - Antecedentes familiares y personales de CCR
    - Enfermedades inflamatorias del intestino grueso como la Colitis Ulcerosa y la Enfermedad de Crohn.
    - Síndromes de cáncer colorrectal hereditarios como el Síndrome de Lynch, la Poliposis Adenomatosa Familiar y el Síndrome de Peutz Jeghers.

Factores de riesgo generales:
    - Estilo de vida (alimentación desequilibrada)
    - Obesidad y sobrepeso
    - Tabaquismo
    - Alcoholismo
    - Sedentarismo
    - Polución del medioambiente

Los individuos que presentan un riesgo adicional (sin importar su edad) o tienen algún familiar cercano con un síndrome genético (hereditario), deben consultar al médico e informarse sobre los exámenes que deben realizarse para poder detectar las lesiones malignas a tiempo.

Identificar un síndrome hereditario específico en una familia permite detectar portadores sanos, para quienes las recomendaciones de controles con colonoscopías son de inicio temprano (inclusive puede ser necesario comenzar durante la adolescencia), a menores intervalos y durante toda la vida. Por otro lado, también permite tranquilizar a personas que no hayan heredado la predisposición (“no portadores”), para los cuales las recomendaciones de controles con colonoscopía son muy similares a las de la población general.

La edad:

La edad es el factor de riesgo más importante en el cáncer colorrectal, ya que con el envejecimiento aumentan las posibilidades de aparición de pólipos en el colon y en el recto.
En efecto, la mayoría de los casos aparecen en personas mayores de 50 años, tanto hombres como mujeres sin antecedentes familiares ni personales. Por esta razón se recomienda a este grupo concurrir a los controles clínicos estipulados para prevenir la enfermedad, aún cuando no se presentan síntomas.
Es importante señalar que si bien un 90% de los casos de cáncer colorrectal se dan en este grupo de edad, el diagnóstico de la enfermedad en personas menores de 50 años ha ido en aumento en los últimos años. Si bien no se han realizado estudios estadísticos al respecto en Argentina, esta tendencia se observa en la práctica de oncología clínica en el día a día, y se estima que en 10% a 15% la incidencia de este tipo de casos. Esta misma tendencia ha sido observada y documentada por la Universidad de Texas y el MD Anderson cáncer Center, que publicaron en 2015 un estudio que muestra un aumento de la tasa de incidencia en el grupo de jóvenes adultos entre 20 y 34 años de un 37,7%, y en el segmento de 35 a 49 años de un 27,7% para el 2020, demostrando así que la edad es un factor de riesgo importante pero no exclusivo.

Cáncer de colon familiar y hereditario:

El 25% de los casos de CCR se desarrollan en personas con antecedentes familiares, quienes forman parte del “grupo de riesgo mayor o aumentado”. Por esta razón deben iniciar los controles a edades más tempranas, dependiendo del número de familiares afectados y las edades en las cuales se detectó esta enfermedad en la familia.
Se entiende por “antecedentes familiares” a los parientes cercanos como padre, madre, hermanos o hijos que han padecido alguna de estas patologías.
Sólo un 3-5% de los CCR ocurren en personas con un síndrome hereditario que predispone a la aparición de cáncer colorrectal, como el síndrome de Lynch o la Poliposis Adenomatosa Familiar (PAF). Esta enfermedad puede llegar a desarrollar múltiples pólipos benignos en el colon y recto durante la juventud, por lo que se requiere un control estricto de la misma para prevenir el CCR. El Síndrome de Lynch es una enfermedad compleja, caracterizada por un conjunto de tumores en familias que desarrollan cáncer colorrectal de origen hereditario que suele ser acompañado por cánceres ginecológicos y/o urológicos. Dentro de este grupo de síndromes se encuentran también el de Peutz Jeghers, el de Cowden y el de Li-Fraumeni.

En aquellas personas portadoras de un síndrome de predisposición hereditaria, la aparición del CCR puede ocurrir a edades más tempranas que lo habitual, debido a una alteración o mutación en un gen presente desde el momento del nacimiento. Por esta razón, se recomienda que las personas con diagnóstico de CCR antes de los 50 años consulten con sus médicos para definir si requieren de una consulta con un especialista en cáncer hereditario, capaz de evaluar correctamente el cuadro familiar, poder estimar el riesgo familiar de presentar cáncer colorrectal y definir si es necesario realizar algún estudio genético para identificar el gen responsable de la predisposición familiar.
En este grupo se incluyen también a las personas que sufren enfermedades inflamatorias del intestino grueso conocidas como colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn. Se debe tener presente que la inflamación crónica genera focos de mucosa en el colon y está relacionada con el aumento de riesgo de CCR.

Estilo de vida:

Existe evidencia de que la prevención primaria a través de la modificación de factores relacionados con la dieta y el estilo de vida, como así también los programas de prevención, reducen la incidencia y la mortalidad.
Por ejemplo, una alimentación rica en frutas y vegetales, así como el consumo de lácteos, ayuda a disminuir el riesgo al generar un efecto protector sobre el intestino. Por el contrario, el abuso de las carnes rojas expuestas a la llama para su cocción, o bien las procesadas de manera industrial, sumado a la ingesta exagerada de alcohol, pueden, a raíz de su asociación con sustancias tóxicas, desequilibrar y generar cambios en las células de la mucosa intestinal, provocando alteraciones y efectos carcinogénicos.
Se debe tener en cuenta que el desarrollo del cáncer es complejo, y en todos los casos, está asociado a diferentes factores, no sólo a los relacionados con la dieta.
El consumo de tabaco es también un factor de riesgo importante, ya que causa el 22% de las muertes mundiales por cáncer en general.

Si bien no podemos evitar el envejecimiento ni las características genéticas heredadas para prevenir el CCR, sí se pueden desarrollar hábitos saludables como:

    - Una dieta rica en vegetales y frutas.
    - La disminución de la ingesta de carnes rojas quemadas.
    - La restricción del consumo de grasas de origen animal.
    - El consumo de productos ricos en calcio.
    - Evitar las bebidas alcohólicas.
    - No fumar.
    - Realizar ejercicio físico regularmente.
Síntomas
Los síntomas del cáncer colorrectal:
    - en general aparecen cuando la enfermedad ya tiene un tiempo de evolución,
    - ocurren sin que haya habido un cambio en nuestros hábitos alimentarios,
    - se presentan de manera persistente,
    - se agudizan con el paso del tiempo.

Se debe estar atento a:
    - Los cambios en la forma de evacuar el intestino.
    - El sangrado en las deposiciones.
    - Los dolores y calambres abdominales frecuentes.
    - La anemia y la pérdida de peso.
    - El cansancio y la fatiga.
    - Vómitos frecuentes.

Las personas que presenten estos síntomas deben concurrir a su médico de cabecera para poder realizar una evaluación y determinar la necesidad de estudios específicos.
Es importante tener en cuenta que en las mujeres los síntomas del cáncer colorrectal pueden confundirse con el de otros tumores extracolónicos como los de útero y ovario, por eso es importante hacerse los controles ginecológicos correspondientes y complementarios para poder establecer un diagnóstico diferenciado.

¿Cuándo consultar al médico?
    - Si se tiene más de 50 años de edad y no se evidencian síntomas.
    - Si se presentan los síntomas y se es menor de 50 años.
    - Si se es diagnosticado con enfermedades inflamatorias intestinales o síndromes hereditarios.
    - Si se es familiar cercano de una persona que padece CCR.
Circuito del diagnóstico
Después de la consulta con el médico, si la evaluación clínica hace presumir la existencia de una lesión en el colon o en el recto, se pedirán una serie de estudios para establecer el diagnóstico:

1. Examen físico y evaluación de antecedentes clínicos: El médico especialista y/o de cabecera lo examinarán para buscar anomalías en las zonas abdominales. Luego se procederá a una serie de preguntas de rutina sobre su salud, sus antecedentes médicos y sus hábitos de vida.

2. Examen rectal: El médico especialista y/o de familia realizará un tacto del recto para detectar anomalías en los casos que se considere pertinente. El estudio puede ser incómodo, pero no es doloroso.

3. Test de sangre oculta en materia fecal: Es un estudio sencillo, no invasivo y de bajo costo que permite detectar sangre en materia fecal. La sangre indica la presencia de pólipos o cáncer colorrectal. Si bien este estudio facilita la detección en sangre, no permite la resección de los pólipos, por cual el médico recomendará la realización de una colonoscopía complementaria para poder extirparlos.

4. Colonoscopía: Se examina el colon con el paciente virtualmente anestesiado, introduciendo a través del ano de un tubo flexible con una cámara de TV en la punta, revisando con calidad la totalidad del colon y el recto. Para su realización se requiere la limpieza del colon con una preparación el día anterior o en la mañana si se realiza por la tarde. El estudio se efectúa en quirófano o en centros ambulatorios, bajo sedación, con un equipo de médicos especialistas altamente entrenados y certificados; requiere un consentimiento por parte del paciente. Este examen permite la resección (polipectomia) de pólipos del colon y del recto. La colonoscopía es un estudio que muchas veces se requiere cuando la sangre oculta en materia fecal da positiva, o el médico decida directamente realizarlo - sobre todo si usted fuma, tiene sobrepeso o ingesta rica en grasas o exceso de alcohol-, o bien si hubiera antecedentes familiares. Aunque la colonoscopía es un estudio complejo, es el que menos margen de error posee para la correcta detección y prevención del CCR. El beneficio de la visión directa es que mediante el colonoscopio se pueden obtener muestras o bien la resección completa del pólipo a través del canal operativo que este equipo posee. Luego su estudio histológico o biopsia permitirá clasificar la lesión y se decidirá si fue un tratamiento definitivo o debería hacerse cirugía.

5. Colonoscopía virtual: Es un estudio de cierta complejidad pero no invasivo. Es un examen de imágenes, parecido a una tomografía, del colon y del recto que permite identificar anormalidades.

6. Enema de bario de doble contraste: Es un examen de imágenes, específicamente de rayos X del colon y del recto. Es un estudio en desuso, salvo en poblaciones que no tengan acceso a la colonoscopía. La preparación es similar a los estudios anteriormente mencionados. Este examen puede arrojar resultados falsos negativos y positivos.

7. Sigmoidoscopía: Se coloca un tubo flexible que tiene una fuente de luz para ver si existen pólipos en el recto y el colon inferior.

8. Biopsia: Si durante la colonoscopía se encuentran pólipos, se procederá al análisis de sus muestras para determinar si son benignos o no.

9. Antígeno carcinoembrionario (CEA): Es un examen de sangre. Si bien no es un examen de detección sino un marcador tumoral, se suele pedir como complemento de la colonoscopía y del test de sangre oculta en materia fecal.
Fases del CCR y tratamientos
Los estudios de diagnóstico proporcionan información clave sobre el estado clínico y patológico de la enfermedad para poder establecer el mejor tratamiento posible. Los especialistas en oncología clínica evalúan la dimensión del tumor primario, la invasión de los ganglios linfáticos y la presencia de metástasis en órganos periféricos o distantes para establecer la estrategia de tratamiento.
En los estadios tempranos de la enfermedad, es decir cuando se encuentra confinada al colon, la cirugía es la principal estrategia de tratamiento. Según la evaluación histopatológica, en algunos casos se realiza además un tratamiento de quimioterapia adyuvante (se denomina adyuvante en los casos de tratamiento con criterio curativo).
En los casos en que se presentan metástasis se realizan tratamientos con quimioterapia y agentes biológicos.
El abordaje multidisciplinario, es decir, el trabajo en conjunto de los distintos especialistas implicados en la atención de los pacientes, como oncólogos, cirujanos y genetistas, entre otros, es clave para un consenso sobre la optimización de los tratamientos. Este concepto, que se aplica a la medicina en general, es muy importante en la oncología porque los mejores resultados se obtienen con la combinación de la cirugía, de distintos esquemas de quimioterapia, radioterapia y con la incorporación de los agentes biológicos y terapias personalizadas. Estas últimas hacen uso de cuerpos monoclonales que directamente atacan las células malignas y suelen ser combinadas con la quimioterapia en personas con CCR que presentan metástasis.
Los tumores tienen un comportamiento biológico variable, se transforman y mutan con el paso del tiempo. Para poder utilizar un agente monoclonal es necesario identificar la mutación de los genes para poder determinar si el CCR se trata de un caso esporádico (aislado) o de un caso hereditario, personalizar el tratamiento y proporcionar un control genético familiar favoreciendo un seguimiento preventivo temprano y frecuente.

Se habla de estadios en tumores con el fin de homogeneizar el lenguaje estableciendo criterios comunes. Los mismos surgen de la combinación del tamaño (invasión en la pared del colon), si ha invadido los ganglios y si se detectan metástasis a distancia:

    - Estadio 1: en los casos de tumores localizados, con invasión superficial y sin afectación de los ganglios.

    - Estadio 2: en los casos con invasión más profunda, hasta la subserosa (tejido ubicado por debajo de la serosa, membrana que recubre los órganos), o incluso la serosa, pero sin afectar los ganglios.

    - Estadio 3: puede haber variable invasión de la pared del colon, pero existe afectación de los ganglios

    - Estadio 4: se denominan a aquellos tumores en los que se detectan metástasis a distancia


¿Qué es una metástasis?
En algunas ocasiones las células tumorales pueden desprenderse del tumor y viajar por vía sanguínea o linfática, desarrollándose en otros órganos o ganglios. Esto se denomina metástasis y tiene distintos tratamientos específicos.

Cirugía en cáncer de colon
La cirugía es a menudo el principal tratamiento para los cánceres de colon en etapas más tempranas o localizadas. El tipo de cirugía depende de la etapa (extensión) del cáncer, de donde está localizado, y del objetivo de la cirugía.

Escisión local:
Una escisión local es un procedimiento menor que una cirugía convencional, que puede utilizarse para remover cánceres superficiales y una pequeña cantidad de tejido adyacente de la pared del colon. Se utiliza en situaciones muy puntuales en las que el tumor es pequeño, superficial y accesible.

Colectomía:
Una colectomía es una cirugía para extraer todo o parte del colon. Los ganglios linfáticos adyacentes también son extirpados en el mismo acto.
A la extirpación de una parte del colon se le llama hemicolectomía, colectomía parcial o resección segmentaria, dependiendo de la magnitud de la misma.
Si se extirpa todo el colon, se le llama colectomía total. La colectomía total es infrecuente para tratar el cáncer de colon. Por lo general, sólo se emplea si hay otra enfermedad en la parte del colon que no tiene cáncer, tal como cientos de pólipos (en alguien con poliposis adenomatosa familiar) o, a veces, enfermedad inflamatoria intestinal (Enfermedad de Crohn o Colitis Ulcerosa).
La colectomía se puede hacer técnicamente de dos maneras:
    - Colectomía abierta o convencional: la cirugía se hace a través de una sola incisión realizada en el abdomen.
    - Colectomía laparoscópica: la cirugía se realiza mediante varias incisiones más pequeñas y un laparoscopio (un tubo delgado con una fuente de luz y una pequeña videocámara en el extremo que permite al cirujano observar dentro del abdomen).
Debido a que la colectomía laparoscópica es un método menos invasivo y traumático, los pacientes a menudo se recuperan con más rapidez y la estadía en el hospital puede ser más corta.
Sin embargo, este tipo de cirugía requiere de un médico especialista con experiencia en cirugía videolaparoscópica. Además, puede no ser la mejor opción para todos los pacientes.
Para una colectomía segmentaria o parcial, el cirujano extrae la parte del colon con el cáncer y un pequeño segmento del colon normal a cada lado del cáncer. Por lo general, se extirpa de un cuarto a un tercio del colon, aunque esto depende de la localización y el tamaño del cáncer. Luego se unen o reconectan las secciones restantes del colon. En este momento, también se extirpan los ganglios linfáticos adyacentes.
Se trata de una cirugía mayor, por lo que es importante que, si se va a someter a esta operación, esté lo más saludable posible.

Previo a la cirugía: Endoprótesis:
Si el tumor es grande y ha obstruido su colon, es posible que unos días antes de la cirugía el médico use un colonoscopio para colocar una endoprótesis o “stent” (tubo hueco de metal o plástico) dentro del colon con el fin de mantenerlo abierto y aliviar el taponamiento por un corto período de tiempo para ayudar a preparar al paciente para la cirugía.

Cirugía de urgencia:
Si no es posible colocar una endoprótesis en un colon obstruido o si el tumor ha causado un orificio en el colon, puede ser necesaria una cirugía de urgencia.
Por lo general, éste es el mismo tipo de colectomía que se realiza para remover el cáncer, pero en lugar de reconectar los segmentos del colon restante, un extremo del colon se adhiere a una abertura (ostoma) en la piel del abdomen para eliminar la materia fecal del intestino. A esto se lo conoce como colostomía, y usualmente es temporal (lo más común entre 45 y 60 días).
A veces en lugar del colon, se conecta la parte final del intestino delgado (íleon) a un ostoma en la piel. A esto se le llama una ileostomía. En ambos casos se adhiere una bolsa recolectora removible al ostoma para recoger los desechos fecales. Una vez que usted se haya recuperado, se evaluará la realización de otra operación (conocida como reconstrucción del tránsito, cierre de colostomía o ileostomía) para unir nuevamente los extremos del colon o para cerrar la brecha del ostoma practicado.
En raras ocasiones, si no se puede extirpar un tumor o colocar un tubo (stent), o por alguna razón el tumor es extirpado pero no puede reconectarse, es posible que necesite una colostomía o una ileostomía permanente.

Colostomía o ileostomía de derivación:
Algunos pacientes padecen tumores de colon que se han extendido, y que por su tamaño o ubicación obstruyen el colon. Para los pacientes con este problema, a veces se realiza una cirugía para aliviar la obstrucción sin extraer la parte del colon que contiene el cáncer. En lugar de ello, el colon se exterioriza por encima del tumor y se confecciona un ostoma en asa en la piel del abdomen para que los residuos fecales salgan por el mismo. A esto se lo conoce como una colostomía de derivación. En ocasiones esto puede ayudar al paciente a recuperarse lo suficiente como para poder iniciar otros tratamientos como la quimioterapia.
Cirugía en caso de extensión del cáncer de colon a otros sitios:
Si el cáncer se ha diseminado a uno o a varios lugares en los pulmones o el hígado (y no hacia otros órganos o sitios distantes), se puede realizar una cirugía para extirparlo. Por lo general, esto se hace si también se extirpó el cáncer en el colon o el recto (o ya se había extirpado previamente). Dependiendo de la magnitud y la extensión de la enfermedad, esto puede curarlo o eventualmente ayudarlo a vivir más y mejor.
La opción por la cirugía para eliminar áreas de diseminación del cáncer dependerá del tamaño, el número y la ubicación de las mismas.

Efectos secundarios de la cirugía del colon:
Los posibles riesgos y complicaciones de la cirugía dependen de varios factores, incluyendo la extensión de la operación y su salud general antes de la operación. Entre los problemas que pueden surgir durante o después de la operación se incluyen, como en cualquier cirugía: reacciones a la anestesia, sangrado postoperatorio, coágulos en los miembros inferiores, y poco probablemente, infecciones en la herida o en la zona de la cirugía dentro del abdomen.
Cuando se despierte después de la cirugía, seguramente sentirá algo de dolor, el cual se tratará con medicamentos específicos por varios días. Durante los primeros días, es posible que usted no pueda comer o tal vez solo le permitan consumir líquidos, ya que el intestino necesita algunos días para recuperar su movilidad y el tránsito. La mayoría de pacientes puede volver a comer alimentos sólidos tras unos pocos días. En ocasiones bastante esporádicas, las nuevas conexiones hechas entre los extremos del intestino pueden tener alguna fuga o no estar completamente herméticas, lo que puede causar infecciones y requerir hasta de cirugía adicional para solucionar el problema. En raras ocasiones y con el correr del tiempo después de la cirugía, usted puede presentar tejido cicatrizal en el interior del abdomen que cause que algunos órganos o tejidos se adhieran entre sí. Estos tejidos cicatrizales son denominados adherencias o bridas. En ocasiones, las adherencias pueden bloquear el intestino, lo que en algunos casos puede requerir una cirugía adicional.

Colostomía o ileostomía:
Algunas personas necesitan una colostomía (o ileostomía) temporal o permanente después de la cirugía. Puede que le lleve tiempo acostumbrarse a esto y es posible que implique algunos cambios en el estilo de vida.
Si se le hizo una colostomía o una ileostomía, usted necesitará ayuda para aprender cómo manejarla. Hay enfermeras especialmente capacitadas en ostomías que tienen el conocimiento y los medios tecnológicos para ayudarlo. Por lo general, estos profesionales de la salud lo visitan en el hospital antes de la operación para discutir la ostomía y marcar el lugar de la abertura. En otros casos lo visitan después de la operación aún internado para explicarle detalladamente el manejo y la disponibilidad de las bolsas y dispositivos que se usan para el correcto manejo de los ostomas de manera que alteren lo mínimo posible su estilo de vida.

Quimioterapia
La quimioterapia consiste en la aplicación de fármacos o drogas cuyo mecanismo de acción incluye la destrucción de células tumorales, inhibiendo el crecimiento de las mismas. El objetivo del tratamiento puede ser adyuvante, es decir luego de una cirugía con criterio curativo, para erradicar las micrometástasis, o bien de carácter paliativo, en el caso de desarrollo de metástasis. En ambas situaciones el uso de tratamientos combinados, es decir la utilización de dos o más agentes quimioterápicos, ha mostrado beneficios comparado con el uso de monoterapia. Históricamente el 5 Fluorouracilo ha sido parte de los esquemas combinados y una de las drogas más útiles en el tratamiento del cáncer colorrectal. Otras de las drogas utilizadas son el oxaliplatino y el irinotecan, con actividad antitumoral en esta patología, y recientemente se ha incorporado un nuevo tratamiento oral, denominado trifluridina-tipiracilo, indicado en enfermedad colorrectal avanzada. La quimioterapia puede ser administrada por vía oral, por inyección intramuscular o directamente en las venas. Existe una variedad de formulaciones, por cuanto en realidad hay también muchos tipos diferentes de cáncer.
Estos medicamentos eliminan las células cancerígenas y previenen la formación de nuevas células enfermas en el organismo. Pero afectan también a las células sanas que se encuentran en la boca, piel, médula ósea, tráquea, pelo, mucosas, vejiga, pulmones y sistema reproductivo. Por eso suelen traer aparejados efectos secundarios. Los más comunes son: anemia, estreñimiento, depresión, diarrea, fatiga, pérdida del cabello, infecciones, náuseas, problemas en la boca, encía y garganta, y problemas ginecológicos.
Estos efectos secundarios en general son temporales, y pueden disminuir gradualmente a medida que pasa el tiempo; muchos de ellos también pueden ser controlados, o al menos aminorados, con medicamentos.
Además, la medicina está avanzando en un mejor control de algunos efectos secundarios producidos por estos tratamientos. Es importante señalar que algunos pacientes experimentan efectos secundarios leves, mientras otros sufren consecuencias más fuertes con el mismo tipo de medicamento y dosis; todo depende de la reacción de cada organismo.

Radioterapia
La radiación describe la forma en que la energía se mueve de un lugar a otro. La radiación de alta energía, como la de los rayos X, tiene suficiente energía como para modificar células. Cuando esto sucede, el daño producido puede llegar a destruir las células. Por esta razón, los rayos X de alta energía se usan para destruir las células tumorales en un tratamiento llamado radioterapia.
La radioterapia es otra de las modalidades utilizadas en el tratamiento del Cáncer colorrectal, especialmente en Cáncer de recto o cáncer de ano, segmento distal del tubo digestivo. En ambos casos se realiza tratamiento combinado con quimioterapia para lograr potenciar el efecto citotóxico o antitumoral.

Agentes Biológicos y terapias personalizadas
En la actualidad, existen estudios suficientes que demuestran que anticuerpos monoclonales asociados a la quimioterapia mejoran los resultados frente a la quimioterapia sola.
Los anticuerpos monoclonales tienen la característica de actuar destruyendo células tumorales, con pocos efectos sobre las células sanas, por lo que los efectos secundarios suelen ser bien tolerados.
Existen distintos tipos de anticuerpos monoclonales autorizados:
    - Dirigidos contra el receptor del factor de crecimiento epidérmico (anti-EGFR son las siglas utilizadas). Hay dos fármacos: Cetuximab y Panitumumab. Ambos se deben utilizar solamente cuando el gen Ras (uno de los genes que están en todas las células) de las células tumorales está intacto o inalterado. Por su mecanismo de acción tienen una toxicidad cutánea que suele ser de moderada a leve.
    - Dirigidos contra el factor de crecimiento del endotelio vascular (anti-VEGF son las siglas utilizadas). El mecanismo de acción de este tipo de fármacos es impedir o dificultar que se formen vasos sanguíneos que nutran a las células tumorales. El Bevacizumab es el anticuerpo monoclonal aprobado para su uso en cáncer colorrectal avanzado.
    - Dirigidos contra varias proteínas involucradas en el crecimiento tumoral. Es el caso de Regorafenib que es un inhibidor oral multiquinasa que inhibe varias quinasas involucradas en el crecimiento y progresión del tumor. Esta es una alternativa en los casos de refractariedad a la quimioterapia.
El cáncer de colon en números*:
En Argentina, el CCR:
    - Es el segundo cáncer más frecuente, y también el segundo en mortalidad.
    - Se diagnostican 13.500 nuevos casos por año aproximadamente (7300 hombres y 6200 mujeres).
    - 4089 hombres y 3512 mujeres fallecieron en 2015 a causa del cáncer de colon.
    - En el 80 a 90% de los casos se produce primero un pólipo (un crecimiento anormal de las células de la pared
interna del intestino grueso), el cual si no se detecta y extirpa a tiempo puede transformarse en un CCR.
    - El desarrollo del pólipo hasta convertirse en un cáncer puede durar hasta 10 años.
    - El 90% de los cánceres colorrectales se producen en personas mayores de 50 años de edad.
    - Alrededor del 75% de los casos de CCR son esporádicos, o sea en personas que no tienen antecedentes personales ni familiares.
    - Alrededor del 25% se producen en personas con riesgo adicional por: antecedente personal de adenomas o pólipos, CCR o enfermedad inflamatoria intestinal, o antecedentes familiares de CCR o de adenomas.

*Fuente: Instituto Nacional del Cáncer (INC) http://www.msal.gov.ar/inc/.

Pese a las recomendaciones de organismos internacionales y nacionales, en Argentina la realización de los estudios de prevención y detección temprana es poco frecuente. Según información proporcionada por el Ministerio de Salud se estima que sólo el 24,5% de las personas entre 50-75 años realizan estudios de detección preventivos de CCR.


AGRADECIMIENTOS
Esta información ha sido producida por la Fundación Cáncer FUCA con el aporte de la Sra. María Masino†, fundadora de la Red de contacto para personas con cáncer de colon y de los siguientes profesionales del equipo médico del Instituto Alexander Fleming:
Dr. Juan Manuel O’Connor, Oncólogo clínico, Jefe de la Sección Tumores Gastrointestinales.
Dr. Luis Caro, médico especialista en Gastroenterología y Endoscopía digestiva, Jefe del Departamento de Gastroenterología y Director del GEDYT.
Dr. Eduardo Huertas, Médico cirujano, Jefe del Departamento de Cirugía Oncológica.
Dr. Fernando Sánchez Loria, Médico cirujano, Subjefe del Departamento de Cirugía Oncológica.
Dra. Luisina Bruno, Oncóloga clínica, especialista en Asesoramiento Genético en Oncología.
Dr. Matías Chacón, Oncólogo Clínico, Sub-jefe del departamento de Oncología Clínica y miembro del Consejo de FUCA.

Este material informativo es publicado por la Fundación Cáncer-FUCA, con el fin de brindar información a la comunidad sobre el cáncer colorrectal, y no debe reemplazar la atención médica. Consulte a su médico.


El presente material fue desarrollado con el aporte económico de Servier Argentina S.A., con el objeto de apoyar la formación y concientización en beneficio de la comunidad en general. Las conclusiones han sido elaboradas por los autores con absoluta independencia, siendo exclusiva responsabilidad de los mismos.
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